epilepsias

Epilepsia en el Adulto Mayor

Hasta hace algunos años, la epilepsia era considerada como una enfermedad de aparición casi exclusiva en niños. Sin embargo, los avances científicos en esta materia han permitido determinar que, a partir de los sesenta años de edad, uno de cada mil adultos mayores presentará epilepsia, lo que convierte a esta condición crónica en la tercera enfermedad neurológica más frecuente en este grupo etario.

En líneas generales puede decirse que la epilepsia es el resultado de cualquier lesión o disfunción, permanente o transitoria, que afecte la corteza cerebral, alterando el funcionamiento de las células cerebrales (neuronas).

Esta lesión, no necesariamente debe afectar la estructura del cerebro, ya que, al referirnos al término disfunción, podemos mencionar efectos inducidos por sustancias químicas de consumo cotidiano o restringido y la ingesta de fármacos de uso habitual.

Si un paciente presenta una crisis epiléptica única, o por primera vez, sin una enfermedad neurológica previa, es fundamental descartar afecciones en otros órganos como, por ejemplo, diabetes, insuficiencia renal o insuficiencia hepática y alteraciones transitorias, como deshidratación.

Entre los factores externos que pueden producir epilepsia en el adulto mayor, se encuentran:

Uso de fármacos que actúan sobre el sistema nervioso central (SNC): Los ansiolíticos, neurolépticos, antidepresivos y antiepilépticos, deben ser administrados bajo estricto control médico, evitando, en lo posible, su administración por períodos prolongados de tiempo o la suspensión del tratamiento en forma abrupta, ya que esto podría generar la aparición de crisis epilépticas. Lo mismo aplica para ciertos antibióticos como las cefalosporinas.

El consumo excesivo de alcohol y otras sustancias tóxicas por períodos prolongados de tiempo o su abstinencia brusca.

La intoxicación accidental por monóxido de carbono, proveniente del uso de sistemas de calefacción poco adecuados o que no cuentan con la ventilación necesaria.

El tratamiento, en estos casos, está orientado al control de las crisis a través del uso de FAEs y evitando la causa desencadenante.

Además, existen algunas enfermedades neurológicas que pueden producir epilepsia en los mayores de 60 años, como por ejemplo:

Accidentes cerebro-vasculares (ACV)
Considerados la causa más frecuente de epilepsia y de crisis aisladas.

Demencias
En los pacientes con Alzheimer se ha encontrado una frecuencia de crisis epilépticas que oscila entre el 10 y el 15% de los casos. Aparentemente, el inicio precoz de la enfermedad sería un factor predisponente a presentarlas.

Traumatismos craneoencefálicos
Constituye sin duda un importante factor de riesgo, aunque de difícil evaluación, debido al gran número de variables que deben ser consideradas. Las más importantes son: fractura con hundimiento de cráneo, herida por proyectil, sangrado intra o extra cerebral, amnesia prolongada (mayor a 3 días), pérdida de conocimiento por más de 24 horas y secuelas de lesión neurológica, entre otras.

Tumores del SNC
La posibilidad de presentar crisis epilépticas está muy ligada a la ubicación del tumor en el cerebro y a su velocidad de crecimiento, siendo los de crecimiento lento los más propensos a presentarlas.

Tratamiento

El objetivo básico del tratamiento de la epilepsia, independientemente de la edad del paciente, es el control de las crisis. En muchos casos, este objetivo se logra a través de la utilización de sólo un fármaco, mientras que en otros, será necesario combinar más de uno para lograr un control adecuado.

Los FAEs utilizados en el tratamiento de adultos mayores, son esencialmente los mismos que se emplean con los otros grupos etarios. Sin embargo, un tratamiento adecuado deberá considerar las características propias del organismo de la persona (metabolismo y eliminación lenta) y la frecuencia de la coexistencia de otras enfermedades, lo que, en muchos casos, obliga a poli-medicar al paciente.

Por lo anterior, es necesario realizar algunas consideraciones especiales:
- Iniciar el tratamiento con un solo fármaco y a dosis bajas, de manera de ir aumentándolas en forma lenta y progresiva.
- Elegir el FAE más apropiado para el tipo de crisis y que tenga el menor nivel de interacción con la medicación previa.
- En lo posible, no utilizar FAEs depresores del SNC.
- Asimismo, es fundamental considerar los recursos económicos del paciente, de manera de evitar fracasos terapéuticos por abandono del tratamiento.