voluntariado

Historia

 

Nacimos hace casi 60 años, gracias a la iniciativa de un grupo de mujeres que se atrevió a enfrentar los prejuicios sobre Epilepsia que existían en esa época y el fuerte estigma que aún sufren las personas con esta condición. En ese entonces, el voluntariado todavía no se constituía como tal, sino que consistía en un grupo de ayuda a los pacientes.

Yo ingresé a la Liga en 1973, cuando recién se estaban formando los grupos de voluntarias en Chile, y era muy poco lo que se sabía sobre el tratamiento de la Epilepsia y el comportamiento de los pacientes, por lo que no había muchas voluntarias dispuestas a participar.

Empezamos a trabajar en el Instituto de Neurocirugía, en un repostero que nos prestaron. Lo primero que hicimos fue poner unas tablas sobre el lavaplatos y, desde ahí, ayudábamos a distribuir los medicamentos.

Con el paso de los años fuimos creciendo y aumentamos el número de voluntarias, así como también creció nuestro lugar de trabajo, ya que, después de la tercera Teletón, nos donaron la casa de Patriotas Uruguayos, donde comenzamos nuestra labor. Tuvimos que arreglarla bastante pero, finalmente, se convirtió en nuestro centro de operaciones y en el lugar que nos permitió organizar lo que sería nuestro trabajo de ahí en adelante.

Desde ese momento empezamos a realizar distintas actividades, siempre teniendo en cuenta la misión de la Liga. De este modo, y con el fin de reunir fondos que nos permitieran cumplir esta tarea, organizamos bingos, desfiles de moda y una serie de actividades benéficas. Hacíamos de todo, desde administrar la caja, entregar los medicamentos y acompañar a los pacientes. Además, empezamos a implementar, junto a Servicio Social, las visitas domiciliarias, donde gracias a los fondos reunidos por el voluntariado, podemos entregar artículos de primera necesidad a las familias más vulnerables de nuestra Institución.

Llegamos a ser más de 100 voluntarias, y, todo este tiempo, nuestra labor ha estado avocada a acompañar a los pacientes, a escucharlos y a tratar de atender sus necesidades, de manera de aportar con un granito de arena para mejorar su calidad de vida.

Cuando miro hacia atrás y recuerdo estos 40 años de servicio, me siento orgullosa. Creo que, a estas alturas, las mujeres que conformamos este grupo, nos sentimos parte de una misma familia, unida por el deseo de ayudar. Sin embargo, me gustaría que este entusiasmo se transmitiera a las nuevas generaciones, pues, actualmente, la gran mayoría de nuestras voluntarias tiene más de 30 años de servicio.

Hoy la Liga Chilena contra la Epilepsia es una gran organización, con mucho personal, no como al principio, es por eso que, más que nunca, se necesitan voluntarias que cumplan la función de acompañar a los pacientes, que también han aumentado considerablemente en estos años.

A la Liga Chilena contra la Epilepsia la llevo en el corazón, al igual que el resto de las voluntarias, quienes, día a día siguen trabajando para ayuda, orientación o, simplemente, compañía.

A pesar de las dificultades, de los costos personales o familiares, que cada una de nosotras ha debido enfrentar a lo largo de los años, creo que lo que nos mantiene aquí es la gratificación que se obtiene al ayudar a los demás. No hay nada que llene más el alma que eso. Ver la cara de tranquilidad cuando una persona acaba de ser diagnosticada y aclara algunas de sus dudas sobre la Epilepsia, o la cara de felicidad de algunas de nuestras familias más humildes cuando reciben ayuda, es algo que no se puede expresar con palabras. 

 

Luz Madrid 
Presidenta Voluntariado